Queda más que dicho.
Nada más amanecer, las concertinas contra la verdad que levantan las tertulias en los Medios, elevaron dos cuartas las alambradas. Parecía que un país hablaba de lo que había pasado en otro. Incluso los análisis más profundos sobre la Moción no renunciaron a valorar, como si fuesen actores en sus papeles, a los dos mandatados de Podemos, y si dichos papeles fueron cortos o largos, y si su tono fue grave o agudo. Se oía un tribunal de oposición que examina a un par de jóvenes que han sacado la bola del tema de la corrupción pero que podrían haber sacado cualquier otra. Si la Moción de Censura había deslegitimado al Gobierno el día anterior, esta postura de evaluador externo deslegitimó a los “tertulistas” y a todo tribunal en días sucesivos. Es obligación del Poder silenciar la mayoría y, contra esa mayoría, recordar: no se metan ustedes en política, es una profesión y la plaza se gana no defendiendo lo común sino defendiendo cada uno lo suyo y el que más pueda, capador. Por eso es...