a mí tanta hipocresía me desanima
14 de abril y 2020
A mí tanta hipocresía me desanima a la hora de esperar el cambio que se necesita. La sanidad pública y la educación pública no funcionan. Es decir, antes del virus no funcionaban. Funcionar significa que hay un quehacer compartido, unos logros evaluables, una profesionalización, desde la universidad hasta la jubilación, validada con criterios objetivos y de suficiencia económica y formación continuada. La sanidad y la educación en España se ha sostenido cuando, pese a todo y mientras tanto, los profesionales, que mantenían vocacionalmente el tipo ante las inclemencias, a la vez encontraban pacientes o alumnos con ganas de curar su salud o su ignorancia y cuando familiares responsables de dichos cuidados también estaban en ese compromiso. Y eso no es funcionar. Es hacer depender de la voluntad de los héroes la sanidad y la educación, y que sean ellos los que nos saquen las castañas del fuego. Esa voluntad heroica es la que se está viendo en nuestros días con la pandemia.
Baste recordar las reivindicaciones de las Mareas que sobre sanidad y educación llevan demandando “otra forma de funcionar” desde hace años, años. ¿Podemos decir que nuestra sanidad es una de las mejores cuando listas de esperas; conflictos laborales; oposiciones retrasadas; privatizaciones; hospitales construidos por encima de nuestras posibilidades; malas gestiones; lucha interna de clases profesionales por diferencias en las contrataciones y en los estatus heredados de modelos pasados; acceso a la carrera; limitaciones en plazas; ratios, de alumnos y camas, jibarizados; merma de presupuestos; merma de prestigio social; conflictos en las aulas; una malísima gestión de las nuevas tecnologías…es sólo la punta de un iceberg que entre otros dramas esconde el matrimonio con farmacéuticas y editoriales de contenido académico? ¿Ya no nos acordamos de las huelgas y las manifestaciones multitudinarias sobre estos dos temas? ¿Ya nadie se acuerda de la desigualdad sanitaria y educativa entre territorios, y entre la ciudad y el campo? ¿Si todo funcionase con criterios y protocolos validados, hubiese habido este sindios de material de protección en los hospitales o el vete a saber que será del curso académico?
Aplaudimos ahora que tenemos miedo, porque, recordemos, como pacientes y alumnos también hemos tenido muchos encontronazos con los responsables de la educación y la salud. Aplaude también el que con su voto hizo lo posible de que ambas necesidades se desmantelaran. ¿Qué decir ahora de los alcaldes que intervinieron para que su pueblo no exigiera una sanidad pública y para todos?
Pero me dicen que ahora es tiempo de aplaudir y eso ya se verá. Y yo creo que es tiempo de avergonzarse y en vez de aplaudir, salir al balcón en silencio y mirarnos a la cara sin mascarilla. Para los profesionales de buena voluntad y que no han abandonado el puesto a riesgo de caer, la única recompensa es tener éxito. He visto a alumnos y alumnas abrazados a sus maestros o profesoras cuando tienen éxito y ambos se sienten responsables. He visto a equipos médicos despedir con aplausos a pacientes emocionados porque salen ya camino de su casa. Sólo el éxito nos hace más fuertes, mas humanos y más comprensivos. Nos hace ver que la competitividad es un error y que sólo la suma de inteligencias, el afecto, el reconocimiento del otro como igual nos sana y nos hace sabios.
La hipocresía interesada empuja a los valientes hacia su sacrificio. El interés, por miedo, de animar a los valientes a que nos saquen las castañas del fuego, es hipocresía. ¿Nos contaminará un alumno cuando se acerque a preguntar sus dudas, o el camarero al servirnos, o la paciente al expectorar? Ni funcionaba la sanidad ni la educación ni la humanidad. Hay muchas redes en España, pero con muy pocos nudos, y muchos de los que hay son un nudo del ahorcado. No se valora el éxito en los medios de información, se valora la expresión linchadora del titular grosero.. Si no queremos ser pingüinos que aplauden sobre hielo será mejor que empecemos a buscar en los éxitos comunes la fuerza para que en el futuro sanidad y educación funcionen. Si no estamos dispuestos a dirigimos hacía un país en positivo, dejemos de aplaudir.

del todo de acuerdo con esta reflexión que apoyó y suscribo. Yo ya no aplaudo con quienes atemorizan a sanitarios y educadores a sus espaldas. Con José Hierro digo: para qué queremos músicas si no hay nada que cantar. Tal vez un día co nuevas voces..
ResponderEliminarResulta asombroso ver, ahora que llueve, cómo quien con votos, recibidos o emitidos, desmanteló la Sanidad, trata de arropar a los profesionales que salvan vidas. Ahora que llueve ofrecen himnos, banderas y aplausos a quienes están calados hasta los huesos porque van sin chubasquero, porque se lo robaron para uso y disfrute de unos amiguetes que hicieron acopio de ellos. Ahora que llueve en cada patio, por particular que sea, como en los demás, se escucha que la salud y por ende la Sanidad es lo primero. Ahora que llueve no aplaudo en ventanas, no dedico himnos ni ofrezco banderas, porque nada de eso abriga los cuerpos entumecidos de quienes salvan vidas. Cuando escampe, volveré a proveer de chubasqueros a quienes se los robaron, y lo haré con votos, sí, con votos y mirando a la cara y diciendo bien alto y bien claro, como siempre, que la Sanidad no se vende, se defiende. Cuando escampe, que ahora llueve.
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